Y así era al principio. Tu mano llegaba a tu boca y tú disfrutabas chupándola y mordiéndola, te chupabas el dedo que encontraras o la parte de tu mano que apareciera por ahí, pero si por casualidad movías tu mano, te desesperabas y llorabas como si te hubieran quitado un juguete y no había forma de que te dieras cuenta de que habías sido tú mismo el que te había traicionado.
Hace unas semanas por fin comprendiste qué debías hacer para hacer llegar tu mano a tu boca y aun cuando yo (con toda la malicia del mundo) la alejaba de tu boca, tú con muy poco esfuerzo lograbas regresarla.
Hace una semana me di cuenta (no sé exactamente cuándo empezó) de que cogías todo lo que encontrabas, no tú realmente, tu mano de casualidad por donde anduviera. Así, cogías tu ropa, tu babero, tu frazada, tu rodilla, mi ropa cuando mamabas y hasta mi pelo o el de papi, y luego de cogerlo, hacías hasta lo imposible por llevarlo a tu boca (cosa que te costó uno que otro accidente).
Pero lo que has empezado a hacer estos días me sorprende todavía más. Has, por fin comprendido, que tu mano es algo que puede ser observado y te diviertes mirándola. Sostienes tu puño sobre tu cara y lo miras fíjamente, para luego lentamente llevarlo a tu boca. Este paso previo a llevarlo a tu boca es algo tan importante que es la razón real de esta entrada. Lo que has logrado es un descubrimiento enorme, sabes que tú mano es tuya, que la puedes mover a tu antojo y que es algo que puedes usar para divertirte, ahora sabes que además puedes "verla" moverse, es decir: ya no aprendes sólo con tu mano y con tu boca, has empezado a aprender con tus ojos.
Tu mano ha pasado de ser un accidente, una cosa fortuita que aparecía y desaparecía, a ser un objeto controlable y observable, un motivo de estudio y de investigación. Y yo, del otro lado de tu nueva capacidad, sólo te observo, cuando puedo te tomo fotos y hago hasta lo imposible porque en ese esfuerzo por aprender no surjan extraños que te distraigan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario