El 10 de mayo, mi tío Paco había pronosticado la fecha de tu nacimiento. Era divertido porque lo hacía con una convicción que casi asustaba, así que ese día me aseguré de tener todo listo para la clínica y todo listo para verte.
Fue día de la madre así que ese día vi a tío Paco, que me decía que todavía tenía tiempo hasta la media noche mientras se servía otra copa de ron frente a mi muy embarazada boca seca de alcohol.
Esa noche fue una de las más feas de mi vida. Sentía el estómago reventar, tuve contracciones dolorosísimas, diarrea y un dolor insoportable. Al día siguiente estuve todo el día contando las contracciones y mi hermano entrando a la habitación cada vez que gritaba. La diarrea había parado y las contracciones no eran como me las habían contado, así que yo no me creía muy bien que ya era que venías (aunque por momentos me convencía)
Esa tarde fui al doctor y me dijo que si bien sí eran contracciones, el hecho de que hubieran desaparecido quería decir que sólo habían sido producidas por la diarrea y que no significaba que ya estuviera por venir Dudu. Regresé a mi casa, me bañé, me puse mi bata para dormir y me puse a chatear.
Cuando todo parecía completa paz, de un minuto a otro se me rompió la fuente.
Llamé al doctor y luego salimos corriendo a la clínica para ser atendida por emergencia.
La clínica Stella Maris me había dado la idea de una clínica que tenía cierta consciencia de cómo debía ser tratada una madre y un hijo. Aunque había elegido al doctor y no a la clínica, en ese momento creía firmemente que era una clínica seria, organizada y respetuosa (desafortunadamente me equivoqué) Cuando la obstetriz me revisó me dijo que parecía que sería cesárea, yo lo único que atiné a decir fue "¿ya llamaron a mi doctor?"
Para mí la césarea era lo último que quería, sabía que el porcentaje de operaciones de ese tipo son demasiado altas y tenía miedo de tener una cesárea cuando realmente no la necesitara. Como hasta ese momento no confiaba en nadie más que en el doctor que me había atendido preferí esperar. Mientras tanto me dieron oxitocina y empecé a tener contracciones cada 3 minutos más o menos.
Tuve que esperar a mi doctor varias horas (no sé qué problema tuvo) y mientras esperaba esa obstetriz se me acercó y me puso el termómetro en la boca, "¿no quieres una césarea?", me dijo. Con el termómetro en la boca sólo moví la cara para decir no. y luego con una cara de perro agregó "¿ni siquiera si tu hijo está sufriendo?". Esa tipa debe agradecer que tenía el termómetro en la boca porque en ese momento la habría puteado a ella y a 5 de sus generaciones futuras. Eso fue una falta de respeto, una mujer tiene todo derecho a escuchar directamente a su doctor después de que él ha, directamente, revisado su estado, antes de tomar una decisión. Y esa decisión debe ser tomada después de analizar información y datos, no coacciones, ni frases estúpidas destinadas a hacerte sentir culpable o a atemorizarte. Fue ahí cuando dejé de confiar tanto en la clínica Stella Maris.
Cuando el doctor llegó, terminé decidiéndome por la cesárea. El monitor fetal se movía cada vez que yo tenía una contracción y era bastante difícil seguir su latido todo el tiempo, cosa que era necesaria porque debido al color del líquido amniótico que estaba perdiendo, tú habías pasado por sufrimiento fetal. Aunque en ese momento ya estabas bien, no había nada que me asegurara que no podías volver a ponerte mal y yo, en todo ese tiempo no había dilatado ni un poquito.
La clínica Stella Maris, tiene la política de no dejar entrar al padre en caso de cesárea de emergencia. Cosa que me parece terrible ya que es precisamente en caso de emergencia cuando más necesitas a alguien que te apoye. Menos mal, mi doctor tomó la responsabilidad de la presencia de Jürgen y al final lo dejaron entrar con cámara y todo.
Jürgen, que es a veces increíblemente nervioso, mantuvo una calma admirable. Y mientras yo me retorcía de dolor y de miedo, él me cogió la mano y se mantuvo firme. Si alguna duda me quedaba sobre él, en ese momento dejé de tenerla.
Luego de recibir la epidural y de gritar de dolor porque la puta anestesia no hizo efecto suficientemente rápido. Jürgen tomó esta foto:
Una de las cosas que más me preocupaban era la posibilidad de no estar contigo desde el comienzo, que te dieran leche de fórmula o que te hicieran pasar un mal rato por gusto. Así que luego de estar dos horas en sala de recuperación (luego me enteré que aún ahí debieron dármelo) llegué a mi cuarto y me sorprendí de no ver a mi hijo.
Cuando pedí a mi hijo, la obstetriz hizo gala de nuevo de su gran amabilidad y me dijo "está en la incubadora". Antes de dar a luz había ya leído que no hay razón para que un niño sano esté en incubadora y que además los niños con problemas leves se recuperan mejor al lado de su madre que en esa caja horrible. De todas maneras, aún si ellos tuvieran razón, tú ya habías estado en incubadora por más de dos horas, así que fue eso lo que les dije "ya estuvo ahí por más de dos horas, tráiganmelo ahora" fue entonces cuando me dijo la frase más estúpida que una obstetriz puede decir " SON LAS CUATRO DE LA MAÑANAAAAA" obviamente yo le dije "qué tiene que ver que sean las cuatro de la mañana, llámame al neonatólogo" eso mientras mi hermano decía "si mi hermana está en esta clínica es porque le dijeron que podía estar con su hijo desde el principio"
sólo así te trajeron.
El staff del área de neonatología de la Clínica Stella Maris es la cosa más hecha a la champa que he encontrado. Mientras una me asustaba porque no hacías pipi, la otra me decía que era normal para niños con lactancia materna exclusiva. Tres veces me preguntaron si quería que te "complementara" (eufemismo de dar leche de fórmula), cada vez que te llevaban de la habitación tenía que llamarlas 3 o 4 veces antes de que te trajeran de vuelta, medio dopado por todo lo que te habían hecho llorar (luego vi cómo te bañaban), todo lo que yo había leído de la Organización Mundial de la Salud y demás páginas especializadas era completamente desconocido para ellas.
Si pudiera hacerte nacer de nuevo, tal vez habría sido en la misma clínica (por el doctor Paul Ramos que se portó como Dios manda) pero no dejaría que te alejaran de mí ni un minuto.
Cuando por fin llegamos a casa después de la tortura que fueron esos días en la clínica, sentí que tuviste que vivir unos días de recuperación, en los que reaccionabas violentamente cada vez que te tocaban y hasta miedo al baño le tuviste un par de veces.
Afortunadamente entre tu papi y yo, y tu tío Enrique, hemos logrado aprender a entenderte, a respirar profundo cuando te vuelves loco y gritas y a abrazarte cuando lo necesitas. Y creo que los días en la clínica no fueron más que un pequeño traumita del que ya te recuperaste completamente. La pregunta es ¿por qué una clínica tan conocida y "respetable" como la Clínica Stella Maris, tiene tan poco cuidado con el entrenamiento y educación de su staff y con el trato de sus más importantes pacientes, los recién nacidos.
Si pudiera hacerte nacer de nuevo, tal vez habría sido en la misma clínica (por el doctor Paul Ramos que se portó como Dios manda) pero no dejaría que te alejaran de mí ni un minuto.
Cuando por fin llegamos a casa después de la tortura que fueron esos días en la clínica, sentí que tuviste que vivir unos días de recuperación, en los que reaccionabas violentamente cada vez que te tocaban y hasta miedo al baño le tuviste un par de veces.
Afortunadamente entre tu papi y yo, y tu tío Enrique, hemos logrado aprender a entenderte, a respirar profundo cuando te vuelves loco y gritas y a abrazarte cuando lo necesitas. Y creo que los días en la clínica no fueron más que un pequeño traumita del que ya te recuperaste completamente. La pregunta es ¿por qué una clínica tan conocida y "respetable" como la Clínica Stella Maris, tiene tan poco cuidado con el entrenamiento y educación de su staff y con el trato de sus más importantes pacientes, los recién nacidos.
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